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Abril-2017, Laura Doria

Bypass espiritual: usando la

Bypass espiritual: usando la "espiritualidad" como huida del dolor

La supuesta conciencia se está transformando en gimnasia de consumo, usando la susodicha espiritualidad comprada en los centros de moda para evitar sentir el dolor necesario para los momentos de necesario aprendizaje y en aspectos no observados de la propia personalidad, lo que se está convirtiendo en una práctica cada vez más común, dentro de la zona confort de la cultura moderna y que su consumo tiene muchos e imprevisibles efectos secundarios.

La supuesta conciencia y el supuesto desarrollo espiritual muchas veces son usadas para evitar el dolor y no mirar en la dirección de nuestras verdaderas carencias, donde está el camino de salida, empleando una justificación que dice transmutar este dolor o descargarlo en algo cuando en realidad lo que hace es no lidiar con él. Esto es lo que se conoce en inglés como “Spiritual Bypassing”, un término acuñado por el psicólogo John Welwood,  que a grandes rasgos puede traducirse como  “evasión espiritual”.

Nuestra cultura está programada para evitar el hecho de que tendremos que morir algún dia, y al mismo tiempo engañándonos constantemente para evitar el dolor a toda costa, para rehuirlo, negarlo o despreciarlo, cuando todos estos procesos forman parte de la grandeza de la vida. Existe una herencia psicológica de represión, que empuja a las personas a buscar el placer y evitar el dolor.
 

Este evitar el dolor, sin embargo, es más engañoso de lo que se piensa, puesto que decidir no querer sentir dolor, como obra de magia, no siempre funciona y nuestro inconsciente suele almacenar todos los sentimientos reprimidos haciéndose grandes, como verdaderos monstruos a los que ya no sabremos cómo combatir, quedándose crónicos en nuestras vidas, deteniendo el flujo, el aliento vital de superación que tanto necesitamos para vivir.

Parte de la razón de esto es que tendemos a no tolerar mucho, personal o colectivamente; a encarar, entrar o trabajar nuestro dolor, prefiriendo casi siempre “soluciones” que adormecen el dolor, sin importar cuánto sufrimiento pueden catalizar esos “remedios” insertados en nuestros hábitos colectivos de alejarnos de lo doloroso, como una especie de alto analgésico con aparentemente pocos efectos secundarios. Es una excusa para pasar de todo lo que nos molesta de nosotros mismos, una estrategia espiritual no sólo para evitar el dolor, también para legitimar esa evasión, en formas que van de lo ostensiblemente obvio a lo extremadamente sutil.

Algunos de los aspectos en los que se manifiesta esta evasión del dolor a través de lo espiritual es escoger la vía el desapego exagerado, el pasotismo destructivo y despectivo, la represión y el entumecimiento emocional, con el efecto del sobre-énfasis en lo positivo, o el exceso o compasión ciega, el desequilibrio cognitivo (aumento de la inteligencia cognitiva o racional más que la emocional y moral), mayor importancia en lo espiritual por encima del respeto en lo personal, desilusión de no haber  arribado a un nivel superior de ser, alejamiento del sentir en el cuerpo, abandono de la intuición vista como una amenaza, y en vez; se tiende a racionalizar las emociones y no mirarse en ellas, etc.

Algunas de las formas que usan las personas para evitar el dolor (las escucho a menudo) pueden ser formuladas así: “No te lo tomes como algo personal”, “Aquello que te molesta de otra persona es en realidad algo sobre ti mismo”, “Solo confía en el universo y pasa de todo” o “Todo es una ilusión”. Frases que ciertamente tienen algo de verdad pero que si son consumidas sin reflexión, de manera automática pueden llevar a una persona lejos del dolor, pero también lejos de su propia realidad inmediata y de su esencia.

Otra de las cosas que ocurren es que las personas en este supuesto camino espiritual buscan la luz y el amor y cosas eminentemente positivas, por lo cual encontrarse con el dolor o cosas que son percibidas como oscuras es algo indeseable, que busca ser evitado o en su defecto ocultado. En vez de mirar de frente nuestro dolor es más fácil probar una nueva disciplina espiritual o esotérica o pedir a una entidad superior que lo anule (y es que en general todo lo que evita enfrentar el dolor y el presente, el ahora, acaba multiplicando los obstáculos, la espiritualidad se convierte en una vuelta de rosca de lo real). Asimismo, dentro de estos círculos hay una cierta expectativa de que todos aparezcan como seres radiantes y positivos, lo que deriva también  en una competencia… ¿Quién tiene el aura más grande?, ¿Quién hace más sesiones de yoga?… ¿Quién es más clarividente?… ¿Quién hace más ayunos? ¿Quién está iluminado?… ¿A quién no se le quita nunca la sonrisa de los labios?…

Todo esto a veces esconde una falsedad enraizada. La misma aspiración a la unidad puede manipularse convenientemente… ¿Acaso la oscuridad y el inframundo no es parte de la unidad?  Al constantemente mantener estos estados en la oscuridad muy por “debajo”, estando encerrados herméticamente en nuestros recintos mentales, ocurre por efecto que nuestro cuerpo y sentimientos parecen estar lejos y debajo de nosotros, pero salen a la superficie comportándose mal cuando son dejados libres, porque no siempre podemos doblegarlos, de la misma forma que los animales que han pasado mucho tiempo en jaulas, y parecen mansos y domesticados, sin previo aviso actúan como salvajes. Desatender estos aspectos de nosotros, sea como sea que los enmarquemos, paradójicamente, eludir los momentos de tristeza es lo que impide la felicidad.

A fin de cuentas no lidiar con el dolor y con los aspectos negativos de nuestra personalidad es una práctica irresponsable que suele criar monstruos –monstruos que generalmente no dejamos ver, pero que están ahí respirando/sofocando en la oscuridad nuestra entidad. La espiritualidad new-age, que tanto ha influido en los modos actuales, la que supuestamente presume de abarcar grandes conocimientos esotéricos y ser la punta de lanza hacia nueva conciencia, muchas veces opera como una muletilla o como una prótesis, bajo la cual las heridas de nuestro cuerpo crecen infectadas, aunque no se noten en una superficie pulcra de camisetas blancas.

No se necesita ser ningún iniciado para saber que el no considerar los aspectos de la sombra dentro de un desarrollo individual es simplemente una ilusión, que muchos terapeutas practican hoy en día sin suficiente formación personal profunda este modelo de autoimagen, y no se dan cuenta de que también transmiten ese estado ilusorio…una ilusión que puede falsificar su visión/aura luminosa momentánea, pero que poco procurará que la persona haga surgir de la profundidad su propio espíritu y su escondida belleza peculiar. Me resuenan palabras y comentarios como este: “Llevo seis meses haciendo terapia, el primer mes si noté algo, pero ahora estoy igual de mal que el primer día”

Al contrario, haber sentido un profundo dolor y sufrimiento podría ser justamente lo que hace a una persona espiritualmente evolucionada real, genuina y auténtica, lo que la define como ser humano integral, que no está reñido con ninguna disciplina, con la madurez que implica haber asumido su sombra, conocerla, reconocerla cuando aparece, y teniendo el buen humor de compartirla consigo mismo como parte integrante de su continuo deambular por la conciencia, y al mismo tiempo sabiendo compartir con sus congéneres la compasión, la autoestima y el dolor en los momentos en los que aparecen, sin victimismo ni auto-indulgencia, porque la melancolía, lo saturnal, por ejemplo en la alquimia, es la puerta del oro verdadero del espíritu, y ese es el camino muy personal a donde todos podemos llegar.

 

Laura Doria

www.lauradoria.com

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