Más allá de los límites de tu mente

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Septiembre-2016, Alma Sanz

El síndrome del hombre inerte

El síndrome del hombre inerte

Hay demasiadas ideas de lo que un hombre debería ser. Aquí hablaremos de lo que no debería ser para dejar que su verdadera naturaleza aflore. Hay hombres por todas partes, y son hombres des-apasionados. No se conocen a sí mismos, y por lo tanto confluyen con la masa. Hacen lo que se espera de ellos y no lo que nace de sus entrañas. No son viriles. Son del sexo masculino porque así lo dictan sus genes, pero dentro de ellos hay temor. Temor a expresarse, temor a sentir, temor a no agradar o a no ser aceptados. Para evitar que sus más grandes miedos se manifiesten tiene que renunciar a algo: su virilidad.

El término "viril", deriva de vir (del latín "varón"), que comparte raíz con “virtud”. La virtus era el conjunto de comportamientos gracias a los cuales el vir podía mantenerse como tal. La virtud tiene que ver con estar en contacto con la fortaleza, las capacidades del alma, los profundos deseos y el propósito de vida. En la antigua Roma existían dos clases de hombres: el vir – el señor, el guerrero, el hombre libre, el que no es propiedad de nadie –  y el homo – el esclavo. En base a esto, podemos concluir que el mundo está constituido por una sociedad de homos, o lo que también podemos definir como el “síndrome del hombre inerte”. 

El concepto de lo masculino no tiene por qué estar relacionado directamente con músculos, altura, físico o comportamientos. Aunque tampoco hemos de olvidar que el cuerpo es a su vez un reflejo y perfecta manifestación de un estado o de una tendencia de la mente. El poder de lo masculino reside en una actitud, resultado de una forma de pensar y de un estado mental alineado. Un Hombre no habla en exceso, no habla por llenar vacíos, sólo habla si tiene algo que decir. Hablar es del ego. Hablar por hablar corresponde a una compulsiva búsqueda de identidad, a la necesidad de tener que colocarse para así definirse y poder hallar un espacio de confort en medio de la angustia. La necesidad como tal no es una característica del varón. Originariamente es él el que tiene que proveer y no pedir o necesitar. Una característica masculina es la determinación y la concreción. La tendencia a la dispersión, las dilaciones y los formalismos son apoyados por una sociedad castrante que busca apaciguar la manifestación del Ser. 

Los homos están llenos de contradicciones. En ellos priman los “deberías” sobre las motivaciones – en ocasiones porque ni siquiera las reconocen, tienen demasiadas ideas preconcebidas dentro de la cabeza. No son valientes. No enamoran, porque ellos tampoco se atreven a enamorarse. Sólo tratan de complacer, porque han adquirido características patológicas femeninas como es la manipulación. Tienen demasiado presente su debilidad y, sin embargo, no están en contacto con ella ni la reconocen. Pueden aparentar seguridad, tener relaciones con muchas mujeres o manifestar altos niveles de testosterona, pero ello no deja de ser una reacción que trata de tapar la ausencia de un centro sólido. Se alimentan de la aprobación de los demás, y en una incesante búsqueda de reconocimiento y valía, tienen que dejar a un lado sus deseos para actuar en favor de lo que se espera de ellos. Algunos de los comportamientos más comunes son: 

- Falta de claridad

- Mentira

- Control

- Miedo al compromiso

- Idea de traición

- Agresividad pasiva

- Inconsistencia

- Falta de palabra

No son claros en sus intenciones. Mienten para protegerse. Tratan de controlar las situaciones para encontrar seguridad. Tienden a huir del compromiso porque temen la traición, incapaces de ver que son ellos los que se traicionan a sí mismos con cada concesión que hacen al relacionarse con los demás. Debido a una saturación por la falta de respeto que ejercen sobre sí mismos tienden a sobre compensar con conductas pasivo-agresivas – tendencia más femenina que masculina –. No son consistentes, se escudan detrás de unas palabras que ni ellos mismos se creen y hacen promesas que rebasan su capacidad de dar, en un intento por mantener al otro complacido, aunque sea de forma efímera. Las mujeres deberían aprender de las fortalezas de los hombres, así como los hombres de las de las mujeres. Sin embargo, actualmente los hombres están tomando la histeria femenina (falta de concreción y engaño / auto-engaño), y las mujeres la huida y compulsión masculina (auto-engrandecimiento y alardes de una falsa seguridad). Reconocer la sensibilidad, saber expresarse con contundencia y sentido y experimentar la variabilidad de emociones sin temerlas, sino tratando de ir más allá hacia una comprensión, son elementos sanadores.

Esto no quiere decir que un hombre tenga que corresponder a un molde determinado, no es una cuestión de copiar formas. Todo lo contrario. Esta patología y distorsión del fenómeno del hombre inerte proviene precisamente de eso, de andar tratando de cumplir expectativas en lugar de seguir los dictados del corazón. Un hombre siente. Y debido a ello puede establecer relaciones causales entre lo que cree y lo que se manifiesta en su vida. Los hombres desconectados de su verdadero propósito no son más que cumplidores de clichés. El hombre tiene una naturaleza intrínsecamente sostenedora. Cuando ésta está mal enfocada, en lugar de actuar con ecuanimidad desde su centro, se convierte en un gestor de formas y previsor de susceptibilidades movido por la presión, en gran parte buscando satisfacer a las mujeres, pero sin llegar a conseguirlo. Pero el homos no puede sacar todas estas conclusiones porque no se ha permitido vivir. No se ha permitido salir de las paredes de lo que papá y mamá establecieron que debería hacerse, o lo que su marcado objetivo profesional le dictó, o lo que el cine y los estereotipos le programaron a hacer. Hace cosas compulsivamente con el afán de tapar, porque no se permitió parar a reconocer que sentía miedo.

El hombre inerte habla de más, está amedrentado por su propio impulso sexual y se conforma con relaciones de pareja mediocres que nacieron por inercia y continuaron por inercia. Como no se escucha a sí mismo no tiene a su lado una mujer que le escuche de verdad, y se frustra. Culpa al entorno de su impotencia vital y se disocia de él. No se atreve a hablar con contundencia y a decir lo que piensa, si acaso lo hace en un momento de ofuscamiento o enfado en forma de reacción. Pero tras la explosión emocional, sigue en su día a día tragando en un mar de sumisión. Quiere maltrato y castigo a través de relaciones sentimentales que no le satisfacen, trabajos sacrificados, relaciones familiares que suponen una carga emocional – y a veces hasta material – , y amigos igual de desconectados que él.

Puede presentarse de diversas formas: desde el prototipo de macho que no se implica emocionalmente, pasando por el espiritual que dice comprender a las mujeres, hasta el hombre medio, padre de familia media, sueldo medio, vida media, clase media y testosterona media. A pesar de las aparentes diferencias todos ellos tienen en común la cobardía. No son poderosos, no son soles, no brillan, no viven una vida de merecimiento, sino que se arrastran hasta la muerte. Están casados con conceptos demasiado constringentes. Se defienden y sacan las garras, proyectan su malestar, pero no actúan, no van a la causa ni ponen remedio a su sufrimiento. No quieren entender, sólo adaptarse a las circunstancias arañando un cachito de calma dentro del caos que es su vida. No rompen con su mamá, si acaso buscan una sustituta. No saben conversar, sólo responder a lo que ellos creen que el otro espera escuchar o dicen lo que aprendieron que "hay que decir". No hacen el amor. Se desahogan sexualmente. No saben amar simplemente porque nunca se amaron a sí mismos.

Pero no hay que dejar de lado la otra cara de la misma moneda. Las mujeres tampoco saben amar. La mujer media desea ser la víctima de un hombre sin poder. Ella se ve en la situación de tener que tomar el mando, pero se frustra, porque ese no es su papel. Y en aras de compensar y de encontrar un sostenedor, buscará como sustituto un hombre que tampoco la ama, pero en este caso ni siquiera lo aparentará en la forma. Las mentes funcionan como un sistema en el cual cada parte está unida a la otra, por ello la responsabilidad de la situación es compartida. Los deseos que dan forma a hombres que han olvidado su papel corresponden a mujeres que temen la relación con un Hombre. Ellas no quieren oír la verdad que le expresaría aquel que está en su centro y sabe lo que quiere. Ellas no quieren comunicación, sino satisfacción inmediata. Las mujeres utilizan al otro para tapar su eterna insatisfacción y su insaciable inseguridad. Ellas tampoco les aman, y ellos sólo responden a la falta de amor. Todo esto es una cadena de eternos viceversas.

Romper esta cadena no tiene nada que ver con aleccionar, imponer o tratar de cambiar al otro. Consiste más bien en dar un paso en dirección a la honestidad con uno mismo. Una vez que se reconoce que lo que ocurre afuera no hace más que dar forma a un profundo deseo colmado, se puede tomar conciencia de lo que se ha elegido hasta el momento, y desde ahí tomar las riendas de lo que uno quiere en adelante. La masculinidad es sólo una cosa: valentía. Valentía de asumir lo que se siente, sin intentar manipular los resultados. Saber que toda causa tiene un efecto, pero no por ello temer al efecto. La causa ya está señalando en una dirección determinada, hacia un resultado necesario de experimentar. Se pueden dar muchos rodeos hasta llegar al mismo punto, o se puede agarrar el punto, guardarlo en el bolsillo y empezar a caminar sin más demora.

 

Alma Sanz

 

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Comentarios

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Fecha: 05-09-2016 14:09

Nombre: Nadia

Decididamente, se te da muy bien hacer lo que haces. Mis felicitaciones

Fecha: 05-09-2016 13:09

Nombre: Alma

Hola Nadia. Gracias por tu opinión. Hay que leer con un poco más de atención.

Fecha: 05-09-2016 11:09

Nombre: Nadia

Alma, coincido bastante con tu análisis sobre qué les pasa a los hombres hoy; y, por extensión, qué nos pasa a las mujeres que elegimos, o hemos elegido, esos hombres. No obstante, todo lo opinable sobre eso es solo eso, otra opinión más. Y las opiniones no es que sean muy importantes, ya sabes... Lo que me ha parecido mucho más interesante es tu reacción al comentario escrito por Fanny a tu artículo. En primer lugar, le dices eso de que hay conceptos altamente distorsionados en el mundillo espiritual, como el término "amor". Y tienes razón. Pero también es cierto que esa distorsión está también en el otro "mundillo" espiritual (el que considera que el "amor" es siempre "amorosopatía", como le llamáis). Le escribes que si no sería "más amoroso" decir una verdad incómoda que seguir apoyando la debilidad, que si estas personas necesitan luz para ver su error y no otras personas que den palmadas en su espalda... bueno... sí y no. Hay algunas confusiones ahí: primera, que planteas una de esas preguntas que en UCDM se refieren como las típicas del ego, es decir, respuestas en forma de pregunta. Y es que planteas un "problema" (lo inadecuado de apoyar el error en el otro, totalmente de acuerdo) al que das una única "solución" (decirle una verdad incómoda, algo que es únicamente una opción, y depende de dónde venga...). Ese axioma es falso, aparte de rígido, porque solo muestra el sistema de pensamiento de quien lo expone, el cual considera como verdad. Que "a lo mejor necesitan luz para ver su error"... claro que sí. ¿Qué si no? Pero, ¿qué es la luz? A lo único que UCDM llama luz en ese sentido es a la actitud de ver en otro la luz que él no puede ver en sí mismo. Y el Curso no habla de formas. Así que considerar cualquier forma como una verdad es, sencillamente, falso a la luz del Curso. Y eso es lo que yo vi en el comentario de Fanny, que me pareció muy lúcido, conectado y amoroso (que no amorosópata). Me llegó que hablaba desde ese contenido y que, por eso, llamaba la atención sobre una forma (que puede haber muchas) que podría no estar en sintonía con el contenido (que solo hay uno). Luego le comentas eso de que si está de moda no diferenciar los sexos y que si plantea una nueva "subcategoría" para unificarlos. Fíjate, no tengo ni la más remota idea de dónde sacas esa conclusión, porque yo no la vi en absoluto. Me pareció muy claro que hablaba de que cualquier diferenciación es solo forma (incluidos los sexos, de los que el texto no habla específicamente), y que había un cierto peligro en ese análisis (ya sabemos lo que dice el Curso, "el ego analiza, el Espíritu acepta"; y aceptar no es condescender ni dar palmaditas, que recordemos que el Espíritu no apoya el error en ningún caso). Concluir que Fanny proponía una nueva subdivisión parece como si fuera verlo desde un prisma: que ella sí siente divisiones pero no se atreve a ser consecuente por miedo y entonces los agrupa infantilmente de nuevo para no ver la verdad. Y no desde otro posible: que ve las diferencias, pero que no las teme ni necesita ninguna negociación con eso, y que ve el peligro de ver diferencias en la forma al crear más división (por ejemplo). Que no sabemos desde dónde lo dijo Fanny (mi intuición es que desde un lugar más parecido a la segunda opción), pero sí se ve claramente desde dónde lo interpretaste tú. Y, con respecto a la última parte de tu respuesta... vaya, parece el cazador cazado... Le dices eso de que agradeces su opinión porque "da la oportunidad de aclarar la posible confusión en aquellos que como tú creen en el ataque y en la injusticia". Vuelvo a decir que no veo lo mismo que tú. No vi en la respuesta de esta mujer ni un ápice de ataque. Todo lo contrario. Pero sí vi en la tuya una necesidad de defensa, una cierta arrogancia por eso de la oportunidad de aclarar (léase, yo que tengo la verdad, a otro que está en la inopia), y, desde luego, una creencia en el ataque que, como buena proyección, decías poder contrarrestar en el otro. Y, dicho todo esto, me vuelto a quitar el sombrero con la respuesta que esta mujer da a tu contestación: elegante, certera, lúcida, y... tachán... amorosa. En fin, no es esta mi forma de funcionar más utilizada, porque no suelo decir "verdades" a nadie, puesto que no considero tener ninguna autoridad ni capacidad para corregir (que para eso ya está el Espíritu). Pero como insistías tanto en eso de que es mucho mejor decirle a alguien una "verdad incómoda" que darle palmaditas complacientes (en este caso, respuestas complacientes, y de esas ya tienes), pues ahí va... me pregunto si lo publicaréis...

Fecha: 05-09-2016 08:09

Nombre: freddy raul soto franco

Justo lo que quería escuchar, Gracias

Fecha: 02-09-2016 20:09

Nombre: Alma

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Fecha: 02-09-2016 15:09

Nombre: Isaac

Bravo!!. Muy certero, gracias.

Fecha: 02-09-2016 00:09

Nombre: Consuelo

Claro el artículo, tomar consciencia de la esencia del ser humano es hablar de una igualdad, reconocerme en el otro y saber que juntos podemos crear un mundo mejor en nuestras relaciones interpersonales.

Fecha: 01-09-2016 21:09

Nombre: Fanny Tovar Guerra

Alma, siento con tus argumentaciones que entré en un contexto que no estaba buscando. Entiendo tu actitud desde el punto en que te has situado. Gracias por el tiempo invertido en tu respuesta. Interesante de todas formas lo que suscitó mi comentario.

Fecha: 01-09-2016 20:09

Nombre: Cristina

Me veo en tus palabras...Si los hombres siguen creyendo que son los sostenedores de la mujer, los complacientes perpetuos de mama disfrazada de mil mujeres y las mujeres seguimos creyendo que hemos de ser sostenidas , deseadas , valoradas por el hombre y si no no valemos nada ( papa)....seguiremos generando rabia y mas rabia tapando la profunda tristeza de sentirnos incapaces de bailar la danza de las energías que representamos unos y otras....y el lugar de Unirnos cada vez estamos más lejos....aparentemente....de tanto separarnos podemos llegar a la otra punta...¿quien sabe? Otra idea que pesa mucho siento que es la de creer que Dios es un hombre y que su madre es Virgen purísima.....a partir de ahí se derraman muchas creencias....Dios no tiene sexo ni madre y el hijo de Dios tampoco...los sexos son efecto de la separación, y la costilla no existe ni para ser menos ni para pegar costillazos como efecto de la rabia. Gracias Alma por tu sentir, totalmente unida a ti Besos y abrazos

Fecha: 01-09-2016 20:09

Nombre: Mar Linares

Muchas gracias Alma por tu artículo, he tomado conciencia de en qué punto estoy en mi relación de pareja y ahora ya se que rodeo no dar. Amarme a mí para saber verdaderamente qué hombre quiero amar.

Fecha: 01-09-2016 16:09

Nombre: claudia

Alma me quito el sombrero que precisa y congruente tu reflexion gracias has definido lo que no quiero ver en mis relaciones y se por donde empezar!! Por mi misma.... besos y abrazos...clau.

Fecha: 01-09-2016 15:09

Nombre: Alma

Hola Fanny. Hay ciertos conceptos que están altamente distorsionados en el mundillo espiritual, entre ellos el término “amor”. ¿No será más “amoroso” decir una verdad incómoda que seguir apoyando la debilidad de aquellos que como tú señalas se ven “incompletos, confundidos y desesperados”? A lo mejor sólo necesitan luz para darse cuenta de dónde está su error, y no personas que les den palmadas en la espalda y que les compadezcan creyendo tan ciegamente como ellos en el victimismo y la vulnerabilidad. La vergüenza y la culpa están íntimamente ligadas a la identificación con el cuerpo, por lo que la inocencia de la que hablas sólo se puede redescubrir siendo capaz de reírse y dejando de dar importancia al personaje que cada uno ha inventado. La “mano amorosa” que pueda ayudar a los necesitados sólo puede señalar a la verdad y ser útil a través de decir la verdad, sin tapujos ni miedo para despojarse de falsas ideas acerca de uno mismo. Lo que daña al hombre inerte es la identificación con esa falsa idea debilucha y enfermiza de sí mismo. Por otra parte, resulta algo excesiva la moda de “no diferenciar los sexos”. Los géneros ya son diferentes de por sí. Lo que no tiene sentido es tratar de unificarlos en una nueva subcategoría. Yo también agradezco tu opinión porque da la oportunidad de aclarar la posible confusión en aquellos que como tú creen en el ataque y en la injusticia.

Fecha: 01-09-2016 15:09

Nombre: Carlos

Muchas gracias Alma!

Fecha: 01-09-2016 15:09

Nombre: Fanny Tovar Guerra

Alma, estás atacando, dividiendo y castigando desde tu corazón. Tu reflexión es muy lúcida y la agradezco desde la totalidad de mi ser, pero no hay necesidad de diferenciar los sexos ni de infringir culpa y vergüenza a las personas que sólo son inconscientes de su error de verse incompletos, confundidos y desesperados. Todos sufrimos una distorsión y hemos estado en un callejón sin aparente salida, pero lo que necesitamos es una mano amorosa en la que nos podamos reflejar inocentes. Y ese amor está en ti.

Fecha: 01-09-2016 14:09

Nombre: Mercedes

Me encantó! Gracias Alma!