Más allá de los límites de tu mente

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Junio-2014, Andrés Rodríguez

Monogamia y Un Curso de Milagros

Monogamia y Un Curso de Milagros

La expresión "amaos los unos a los otros" ha encontrado una excepción aparentemente justificada; la monogamia. El hecho mismo de poner ambas palabras juntas, amor y monogamia, hace que algo chirríe en alguna parte profunda de la mente. Esto es así porque inmediatamente sale al "rescate" la idea de que existen diferentes tipos de amor.
 
Para entender correctamente la cuestión de la monogamia, que el Curso explica profundamente en la sección llamada "Las leyes del caos" es importante tener claro primero qué es el especialismo, y cuál es su origen. Comenzaremos con lo siguiente:
 
Una vez que se niega el conocimiento mediante el proceso de la separación aparece la incertidumbre. Esto hace que se pierda la certeza acerca de la identidad. Este olvido produce una sensación de carencia y confusión profunda. Para tratar de mitigar el conflicto la mente inventa una identidad falsa, una idea sobre uno mismo, la cual debe ser única, especial y diferente a cualquier otra (primera ley del caos). Para poder mantener esa idea vigente se necesita contrastar con otras ideas, de forma que gane definición. 

Para eso se inventaron los juicios, que son formas de comparar la idea que se tiene de uno mismo con la que se tiene de los demás, los cuales deben valer siempre menos para que el concepto del yo se considere suficientemente valioso. Esa falta de valor de los demás se consolida mediante la creencia en el pecado, que no es otra cosa que la creencia de que la fantasía que se tiene acerca de los otros como "pecadores" (se han convertido en lo que pensamos que son) se ha vuelto imperdonable, y por lo tanto merece castigo y no corrección. Esto es así porque de no serlo los errores se podrían corregir, y la idea de que los demás tienen exactamente el mismo valor que tú anularía la creencia de ser alguien especial, que surgió como forma de mitigar la ansiedad que produce la incertidumbre acerca de uno mismo. De esa forma, cualquier otro se convierte inevitablemente en el enemigo,  (segunda ley del caos).

Tal vez no reconozcas a primera vista esa creencia en el pecado. De hecho, está tan profundamente aceptada que ni siquiera se cree que haya nada que considerar al respecto. Sin embargo, puede hacerse consciente cuando se observa que siempre hay con respecto a los demás un sentimiento de inferioridad o de superioridad. Es más, podría decirse que las relaciones se dividen en esos dos grupos, aún cuando se crea falsamente que hay personas que no estarían incluidas en ellos. Pero esas supuestas relaciones de igualdad saltan por los aires a la menor tensión, y cuando se mantienen, lo hacen únicamente en virtud del "beneficio" que le aportan al concepto que se tiene de uno mismo, y nada más. De esa manera, los "amigos" y los "enemigos" son sólo maneras de referirse a la alianza (que no verdadera amistad) o guerra que se establece para reafirmar el concepto del yo. Una vez que la guerra está en marcha se considera que cualquier tendencia interna de ver al otro con amor (la Voz del Espíritu en la mente) es un enemigo más del que hay que defenderse, por lo que se cancela cualquier posibilidad de encontrar ayuda real para resolver el problema (tercera ley del caos).

Ante esta situación de devastación interna en la que se ha olvidado la identidad, se está asustado y rodeado de enemigos y en la que no parece haber ninguna solución posible, la mente hace un intento desesperado de encontrar algo de alivio tratando de apropiarse de aquello con lo que se identifica y que más valora; el cuerpo del otro (cuarta ley del caos). La apropiación del cuerpo del otro o posesión es considerada como la salvación de toda la ansiedad que la separación ha producido en la mente. De esta manera, la relación especial acude en "auxilio" del profundo vacío y sensación de soledad que se experimenta.

Recordemos que estamos hablando de la patología más profunda de la mente y que ésta forma parte de un paradigma humano convencional, por lo que en principio puede resultar extraño hacerse este planteamiento de manera objetiva. Al fin y al cabo, ¿no procedemos de familias en las que eso es lo "normal"? ¿No es la forma en la que las personas se relacionan habitualmente? ¿No compone este tipo de relaciones el tejido social que parece sostener al mundo?

No es sencillo reconocer la profunda demencia que oculta este tipo de relaciones, ya que el mundo sonríe con aprobación ante ellas. La apropiación del cuerpo del otro, que contiene en su interior el elixir que nos salvaría de la locura (sexo) y que se ha convertido en el sustituto del amor de Dios, es lo que ahora hay que conservar y proteger del robo del resto de los enemigos, entre los cuales también se encuentra la propia pareja, que ha sido separada del resto como rehén del cual obtener la dosis necesaria para la triste supervivencia del yo, y mientras la vida se va extinguiendo orgasmo a orgasmo, la tristeza y depresión se adentran por completo y sin contemplaciones en la relación, sin necesidad de disimular ya que el verdadero propósito era obtener gota a gota ese elixir vital, para lo cual lo único que se necesitaba era que el cuerpo del otro estuviera presente y no fuera poseído por ningún otro enemigo que pudiera arrebatar lo que es tan escaso y exclusivo.

Odias a tu pareja por lo que tú le estás haciendo a ella, porque profundamente te sientes culpable de usarla para llenar el vacío que la separación produjo en tu mente. Y todo ese ataque será proyectado sobre ella, sintiéndote así víctima de su falta de amor hacia ti. Se habrá convertido para ti en el símbolo de tu culpabilidad, ya que es imposible atacar y no sentir culpabilidad, y cualquier forma de condicionamiento, sea del tipo que sea, es un ataque.

Una tendencia típica del ego con respecto a estas cuestiones es la exageración. Ahora el ego se plantea: "¿entonces debería tener sexo con todos y permitir a mi pareja hacer lo mismo porque la exclusividad sexual es un símbolo de la culpabilidad?". Mientras se siga creyendo que la actividad sexual está separada del amor no se podrá comprender que se trata tan sólo de una expresión de éste. Para comprender la cuestión sexual correctamente habría primero que saber lo que es el amor, ya que ambas cuestiones no se pueden separar, y cuando se intenta, la depresión y la sensación de vacío son la consecuencia natural.

Muy pocas personas saben amar, y por lo tanto, muy pocas personas conocen el orden natural de las cosas, y entre ellas, la relación entre el sexo y el amor. La mayoría de las personas entienden la relación de pareja como una relación comercial de acuerdos de propiedad entre los cuerpos. Pocos reconocen honestamente que esto es así, y que si no hubiera ese contrato de "garantía de exclusividad", sea éste verbal o escrito, de ninguna manera aceptarían una relación en esas condiciones. La razón de que esto sea así se ha explicado anteriormente. La exclusividad sexual es la representación de todo un sistema de pensamiento que se basa en mantener la idea de ser especial, sin olvidar que ser especial es una forma de defensa de la profunda ansiedad que produce la negación de la verdadera identidad. Por lo tanto, la "traición sexual" o la ausencia de condiciones que garanticen la exclusividad sexual se convierte en el símbolo de la extinción del especialismo como identidad.

Esta patología antinatural llamada monogamia, cuyo opuesto no es la poligamia sino el amor, puede resolverse mediante la aceptación de un punto de vista radicalmente diferente con respecto al uso que la mente hace de estas relaciones. Cuestionar la forma en que funcionan es el primer paso. Comprender que la responsabilidad sobre lo que se siente es completamente propia hace que la idea del ataque, la traición o el engaño no tengan ya ningún sentido. No deberíamos acercarnos al otro si no es con el único propósito de amarle, porque el amor no hace prisioneros. Tampoco deberíamos justificar el especialismo en el nombre del amor si comprendemos que el especialismo no es amor, sino miedo.

Algunos querrán garantías con respecto a la forma, porque el hecho de tener una relación que puedan conceptualizar como "de pareja" les hace sentir más seguros. Si tienen una relación "de pareja" sentirán que saben cómo y dónde colocarse con respecto a esa relación, ya que el mundo ofrece todo un catálogo de comportamientos y actitudes "correctas" e "incorrectas" con respecto a lo que es una relación así. Pero el mundo no ofrece esas indicaciones con respecto a lo que es una relación de amor, porque no lo conoce. De hecho, es muy probable que se perciba una verdadera relación de amor como locura en un mundo que ha confundido la realidad con la ilusión y la ilusión con la realidad.

La relación santa es una relación para aquellos que están dispuestos a permitir que el amor coloque las cosas en su debido orden, independientemente de las formas. Cuando la forma tiene prioridad sobre el contenido, la relación especial es el resultado. Cuando el amor dirige la relación, no importa la forma. El sexo no será ya el elemento fundamental para ordenar las relaciones. El sexo es el elemento principal que determina lo que una relación especial es. En una relación santa, o lo que es lo mismo, una relación sin miedo, es el amor lo que da forma a la relación. Y este amor sabrá cómo ordenar todas las relaciones, incluida la expresión sexual del amor, que no será ya un elemento determinante ni condicionante de lo que cada relación es.

En las "relaciones infernales", controlar, poseer, devorar y fagocitar el cuerpo del otro es fundamental. En las relaciones santas, éste pasa a un segundo plano. Cuando esta situación se expone claramente suena realmente a lo que es y a lo que el curso define como "una monstruosidad". Pero esta monstruosidad canibalesca cuenta con el beneplácito de una sociedad zombificada a la que no le importa la cuestión del amor, a no ser que sea para distorsionar su significado o utilizarlo para justificar tantas locuras en su nombre.

La pregunta sobre cómo deberían ser entonces las relaciones puede seguir presente. La mente trata de encontrar la forma adecuada, de manera que pueda ver si encaja con la idea que tenemos de nosotros mismos. Desde esta perspectiva se podría decir entonces que la mejor relación que puede tenerse es aquella que te haga cuestionar tu identidad, ya que esa es la fuente de todos los conflictos. Y si tu verdadera identidad es el amor, cuestiónate entonces si la relación que tienes o te gustaría tener manifiesta las características del amor: ausencia de juicios, incondicionalidad, confianza, felicidad, motivación, comunicación, compromiso con lo real, ausencia de exclusividad, etc.

Seguramente muchos hayan asentido a todas esas cualidades, excepto a la última. El autoengaño es muy perspicaz, pero se pone en evidencia cuando se tocan los cimientos del especialismo. Si existe exclusividad, al nivel que sea, ninguna de las otras cualidades son reales, excepto en la imaginación de quien las piensa, ya que el amor no excluye a nadie.

Algunos pueden pensar que la ausencia de exclusividad significa forzarse a tener el mismo tipo de interacción con todas las personas, cosa que tampoco es cierta. Cada relación está determinada por el tipo de interacción que existe en función de unas características mentales particulares, lo cual implica diferentes niveles de comunicación, de afinidad, aspectos en común y aspectos divergentes, etc. Todo esto puede conllevar o no una expresión sexual del amor, lo cual no debería determinar en ningún caso el tipo de relación que se dé, ya que esto está determinado en última instancia por el nivel de aprendizaje que la relación puede ofrecer.

 

Andrés Rodríguez

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