Suele ser habitual que, con los años, antiguas teorías conspirativas en torno a Un Curso de Milagros vuelvan a resurgir como si fueran nuevas, especialmente para aquellos que conocen el curso recientemente y que no sabían de ellas. Para quienes llevamos algunas décadas dedicados a esta enseñanza, son simples modas pasajeras que aparecen y vuelven a silenciarse con el tiempo. Estas teorías afirman que existió una relación entre el jefe y colaborador de Helen Schucman en la universidad de Columbia, William Thetford, y el proyecto MK-Ultra de la CIA, un proyecto ilegal que buscaba desarrollar técnicas de control mental y manipulación psicológica durante el período de la Guerra Fría a través de drogas psicoactivas y distintos métodos de tortura psicológica o física.
Y es cierto que existió una relación, pero en esto, como en todo, es necesario usar el pensamiento crítico y el discernimiento para separar las pruebas de la especulación porque, como el curso afirma, “las apariencias y la realidad no pueden ser lo mismo”.
Cuando se analizan estas supuestas “pruebas”, aparece un patrón muy común propio de las teorías conspirativas: asociaciones circunstanciales, coincidencias históricas, extrapolaciones sin evidencia documental y conclusiones que van mucho más allá de los hechos verificables.
Este artículo examina una por una las principales afirmaciones utilizadas para relacionar a William Thetford con el proyecto MK-Ultra y explica porqué dichas pruebas no son concluyentes ni suficientes para sostener dicha acusación.
Prueba 1. El hecho de que William Thetford trabajara en psicología.
Una de las afirmaciones más repetidas es que William Thetford era psicólogo clínico y profesor universitario en la universidad de Columbia precisamente en una época en la que la CIA financiaba investigaciones psicológicas en distintas universidades estadounidenses.
Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, miles de investigadores estadounidenses trabajaban en áreas relacionadas con psicología, conducta humana, percepción, hipnosis o psiquiatría. La CIA, el Departamento de Defensa y otras agencias financiaron una enorme cantidad de estudios académicos, muchas veces sin que todos los participantes conocieran el origen indirecto de los fondos.
De hecho, muchos de estos proyectos se compartimentaban, de modo que los investigadores sólo tenían acceso a una parte de la información del proyecto sobre el que estaban trabajando, pero no lo conocían en su totalidad ni el propósito del mismo. Para poner un ejemplo simple, es como si a una fábrica se le hiciera el encargo de producir un tipo de pieza metálica con determinado diseño, y a otras fábricas otras piezas diferentes. Todas las piezas producidas por las distintas fábricas, debidamente ensambladas, pueden conformar el arma que acabe con la vida de miles de personas en alguna parte del mundo, pero la empresa que acepta el trabajo no tiene por qué ser consciente del propósito último de dicho encargo.
Con William Tethford y el proyecto MK-Ultra ocurre lo mismo. El simple hecho de pertenecer al mundo académico de la psicología en aquella época no demuestra participación en el proyecto al nivel en el que se pretende que participó. Sería equivalente a afirmar que cualquier físico de los años cuarenta participó en el Proyecto Manhattan (bomba atómica) únicamente por trabajar en física. Por otro lado, no existe documentación pública que identifique a William Thetford como operador central, director de experimentos o agente activo de MK-Ultra en el sentido más extremo y popularmente asociado al programa. Lo que sí existe son referencias indirectas, conexiones académicas y vínculos con investigaciones relacionadas con evaluación psicológica y entornos cercanos a Inteligencia durante la Guerra Fría, elementos éstos que alimentan las sospechas que veremos más adelante pero que, por sí solos, siguen siendo insuficientes para demostrar una participación directa en operaciones de control mental o experimentación coercitiva.
Prueba 2. Su colaboración con el doctor Andrija Puharich.
Otra de las supuestas pruebas es la relación entre William Thetford y Andrija Puharich, médico e investigador conocido por su interés en fenómenos psíquicos, percepción extrasensorial y experimentos poco convencionales.
Puharich fue una figura excéntrica vinculada a varios proyectos marginales, investigaciones parapsicológicas y personajes controvertidos. El hecho de que William Thetford le conociera o colaborara en ciertos contextos no prueba automáticamente una conexión con el proyecto MK-Ultra.
En el ámbito académico y cultural de la época era habitual que investigadores de psicología, espiritualidad, percepción y conciencia coincidieran en seminarios, investigaciones o círculos intelectuales. Por otro lado, no existe un documento oficial que muestre a William Thetford trabajando en experimentos de control mental junto a Puharich. Tampoco existe evidencia de que Thetford participara en actividades ilegales o encubiertas, y la mera asociación social o profesional no basta para probar una participación operativa.
Este tipo de teorías suelen utilizar la llamada “culpabilidad por asociación”. Esto significa que si una persona conoció a alguien excéntrico, automáticamente se asume que compartía todas sus actividades, y ese razonamiento no es válido.
Prueba 3. La supuesta relación entre Un Curso de Milagros y técnicas de programación mental.
En relación a todo lo anterior, hay teorías que afirman que Un Curso de Milagros tiene características propias de técnicas psicológicas de sugestión o reprogramación mental, debido al lenguaje repetitivo, las afirmaciones constantes, el entrenamiento de la percepción, la reinterpretación de la realidad y la transformación de las creencias.
El problema con esta teoría es que estos elementos aparecen prácticamente en todas las tradiciones espirituales, religiosas y filosóficas del mundo. Por ejemplo, el budismo utiliza ejercicios repetitivos de percepción. El cristianismo usa oraciones y meditaciones repetitivas, la psicología cognitiva moderna trabaja explícitamente sobre la reinterpretación de pensamientos, y muchas escuelas filosóficas buscan transformar el sistema de creencias del individuo.
Que un texto espiritual pretenda cambiar la percepción de quien lo estudia no implica automáticamente “control mental”. Desde que se publicó el curso por primera vez, millones de personas lo han estudiado durante décadas sin mostrar patrones verificables de programación coercitiva, dependencia sectaria ni alteraciones compatibles con experimentos de control conductual. La acusación se basa más en interpretaciones subjetivas que en evidencia empírica. Y estas acusaciones, por desgracia, tienen una base que explicaré a continuación.
El problema, en muchos casos, no está realmente en Un Curso de Milagros, sino en la manera en que ciertas personas se aproximan a él psicológicamente. Y esa diferencia es fundamental, porque ningún texto espiritual, filosófico o psicológico existe aislado de la mente que lo interpreta. El mismo contenido puede convertirse para una persona en una herramienta de introspección equilibrada y, para otra, en un mecanismo de evasión emocional, dependencia o distorsión de la realidad.
Eso ocurre con prácticamente cualquier sistema profundo de pensamiento. Sucede con religiones, filosofías orientales, psicología, esoterismo, política e incluso ciencia. El contenido no entra en una mente vacía, sino en una estructura emocional previa, con heridas, miedos, carencias afectivas, necesidades de reafirmación de identidad y conflictos psicológicos inconscientes. Es ahí donde aparece el verdadero riesgo, y la razón por la que es tan importante aprender el curso correctamente, por cuenta propia, si se tiene la suficiente capacidad, o de la mano de alguien que pueda prevenir de los riesgos inherentes a cualquier práctica mental de la dimensión del curso, donde se ven modificadas cuestiones estructurales de la mente que es necesario conocer antes de adentrarse en un estudio de este tipo. Sin embargo, como suelo decir, la mente tiene sus propios mecanismos de defensa como para protegerse de aquello para lo que aún no se encuentra preparada.
En este sentido, el curso no es recomendable para aquellas personas que son profundamente disfuncionales mentalmente o llevan consigo un trauma tan intenso que les incapacite para razonar correctamente, lo cual suele ser el caso de algunos estudiantes, o incluso maestros que, no habiendo tenido en cuenta estas cuestiones, han utilizado el curso de manera incorrecta únicamente para aumentar su dolor y confusión. Son estos perfiles psicológicos los que abundan en internet aferrándose a estas teorías en contra del curso, y que pretenden con ello encontrar un culpable ahí afuera para darle una explicación a su situación. Este razonamiento es circular, puesto que, por tener esa situación mental previa al curso, tampoco han podido tener la lucidez suficiente como para concluir que iban a hacer un uso incorrecto de esta herramienta.
Un Curso de Milagros trabaja sobre ideas muy profundas y estructurales: la naturaleza ilusoria del ego, la reinterpretación de la culpa, el perdón radical, la irrealidad del miedo, la transformación de la percepción y la disolución de ciertos marcos habituales de pensamiento. Para una persona psicológicamente estable, equilibrada y bien integrada, estas ideas pueden ser puntos de partida sobre los cuales llevar a cabo un trabajo de transformación interior. Pero para alguien emocionalmente traumatizado, obsesivo o psicológicamente desestructurado, el mismo contenido puede convertirse en una vía de desconexión de la realidad, tal y como ésta se entiende en este mundo.
Esto no ocurre porque el texto “controle mentalmente”, sino porque ciertas personas utilizan la espiritualidad para escapar de conflictos que no saben afrontar. Ese fenómeno tiene incluso un nombre en psicología transpersonal: bypass espiritual. Consiste en utilizar conceptos espirituales elevados para evitar heridas emocionales, responsabilidades personales o conflictos psicológicos no resueltos.
Por ejemplo, alguien puede interpretar ideas como “el mundo es una ilusión” de manera profundamente desequilibrada, utilizándolas para negar problemas concretos, romper relaciones personales, evitar responsabilidades cotidianas o sentirse intelectualmente superior al resto. Pero esa interpretación no surge del texto en sí, sino de la estructura psicológica previa de quien lo lee. De hecho, algo similar ocurre con muchas tradiciones místicas auténticas. Un texto contemplativo puede generar serenidad en una persona y grandiosidad delirante en otra. Un símbolo espiritual puede abrir procesos de autoconocimiento o convertirse en una obsesión. Por no hablar de todas las muertes que se han producido a lo largo de la historia a partir de la interpretación de textos religiosos. La diferencia suele estar menos en el contenido que en la capacidad psíquica del individuo para integrar la experiencia sin perder contacto con la cotidianidad. Por eso las tradiciones espirituales antiguas insistían tanto en la preparación interior, la disciplina emocional y el acompañamiento adecuado. Entendían que ciertas ideas, cuando se interpretan sin equilibrio mental, pueden deformarse fácilmente.
En el caso de Un Curso de Milagros, muchas críticas surgen precisamente de observar a personas que lo interpretan de manera extrema, dogmática o psicológicamente disociada. Pero eso no demuestra automáticamente que el curso haya sido diseñado como una herramienta dañina. Lo que demuestra es que cualquier sistema profundo puede ser mal interpretado cuando se convierte en sustituto de una integración emocional real.
La diferencia es importante, porque traslada el problema desde una supuesta conspiración externa hacia algo mucho más humano y mucho más complejo: la tendencia de algunas personas a buscar en la espiritualidad, en este caso en el curso, una solución absoluta a conflictos internos que requieren también madurez psicológica, sentido crítico y contacto con la realidad cotidiana.
Prueba 4. La afirmación de que Helen Schucman “escuchaba voces”.
Helen Schucman afirmó haber recibido el contenido mediante una voz interior que se identificaba como Jesús. Algunas teorías han interpretado esto como evidencia de técnicas de hipnosis, inducción psicológica o manipulación mental. Experiencias de “voz interior”, inspiración mística o revelación espiritual existen en prácticamente todas las culturas y religiones humanas.
Históricamente, figuras religiosas y místicas afirmaron recibir visiones, mensajes, intuiciones, revelaciones o experiencias trascendentes. Aceptar o rechazar el origen espiritual de esas experiencias es una cuestión filosófica o religiosa, no una prueba criminal. Por eso suelo ser bastante excéptico con todo ese tipo de fenomenología basada en canalizaciones o “mensajes espirituales”, y animo a los estudiantes a poner en duda todo ello pasándolo primero por su propia referencia interna, la cual es la única herramienta práctica disponible para poder reconocer el origen de una información. De ahí la importancia de desarrollarla en primer lugar.
Continuando con esta supuesta “prueba” por el hecho de que Helen Schucman se refiriera a su experiencia como “una voz”, no existe evidencia de que fuese sometida a drogas experimentales, no hay registros de manipulación por parte de agencias gubernamentales ni documentación que vincule el proceso de escritura con programas de la CIA. Interpretar automáticamente una experiencia subjetiva como resultado de MK-Ultra es una suposición sin prueba documental y un verdadero salto especulativo.
Prueba 5. El argumento del “contexto histórico”.
Quienes sostienen estas teorías señalan que MK-Ultra existió realmente y que la CIA realizó experimentos éticamente cuestionables. Y esto es cierto. La propia documentación desclasificada demuestra que el programa realizó investigaciónes sobre hipnosis, drogas psicoactivas, manipulación conductual, privación sensorial y técnicas psicológicas. Pero aquí nos encontramos con un problema lógico. Que MK-Ultra haya existido no significa que cualquier fenómeno psicológico o espiritual de la época forme parte de ese programa. Este es un ejemplo típico de razonamiento por “ampliación indebida”, que funciona de la siguiente manera:
1. Existe una operación secreta real.
2. Una persona vivió en esa época.
3. Por lo tanto, probablemente estuvo involucrada.
Aquí se hace de nuevo un salto especulativo que carece de rigor, porque no muestra documentos oficiales en los que se muestren contratos, testimonios verificables, registros financieros que vinculen a las partes, comunicaciones internas o pruebas directas. Nada de eso ha aparecido respecto a William Thetford. En este punto, probablemente, los que hayan ido más profundamente en esta cuestión y no se hayan quedado en la superficie meramente especulativa, estén pensando: “¿Y qué hay del subproyecto 130 de MK-Ultra? Esa es la prueba definitiva”.
Bien, veamos la “prueba definitiva”.
Prueba 6. El subproyecto 130 de MK-Ultra.
A diferencia de otras afirmaciones débiles o puramente especulativas, sí existe documentación verificable que conecta a William Thetford con investigaciones vinculadas al entorno de Inteligencia estadounidense y con el llamado subproyecto 130 de MK-Ultra. La propia Fundación para la Paz Interior publicó textos biográficos donde se reconoce que Thetford trabajó para la CIA en determinadas etapas de su carrera. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta estos hechos, se sigue sin probar documentalmente la relación entre haber trabajado en entornos vinculados a Inteligencia psicológica y concluir que Un Curso de Milagros fue un experimento de ingeniería mental, tal y como se mencionó al principio de este artículo con el ejemplo de la fábrica de piezas metálicas.
Los documentos desclasificados muestran que el subproyecto 130 investigaba relaciones entre personalidad, evaluación psicológica y medición psicométrica utilizando escalas de inteligencia Wechsler y sistemas de perfil psicológico. Y es comprensible que una organización como la CIA quisiera tener tanta información como fuera posible para usarla en actividades dudosamente legítimas, que además ya fueron probadas como ilegales.
MK-Ultra no consistía únicamente en drogas psicoactivas, hipnosis o experimentos extremos. También incluía estudios sobre personalidad, susceptibilidad psicológica, predicción conductual, técnicas de evaluación, resistencia al estrés y modificación de conducta. Con el paso del tiempo, se ha visto cómo ese conocimiento ha sido utilizado para manipular sociedades enteras a nivel político, social, cultural y económico.
El problema es que, con el paso de las décadas, internet convirtió cualquier contacto académico con esos ámbitos en una supuesta prueba automática de operaciones de control mental masivo. Visto de una manera excesivamente simplista, que es la que se utiliza habitualmente en las redes sociales, sería como afirmar que, por el hecho de que la CIA hubiera financiado indirectamente algunos programas en las universidades estadounidenses con el fin de obtener información sobre procesos psicológicos – y qué mejor forma de hacerlo que encargarlo a los mejores psicólogos disponibles en aquella época – cualquier libro publicado por uno de ellos es ya un encargo directo de la CIA.
Pero la documentación disponible no muestra que William Thetford dirigiera experimentos ilegales, desarrollara programas de manipulación espiritual ni diseñara Un Curso de Milagros como herramienta psicológica encubierta.
Lo que sí aparece es algo bastante más ambiguo: un buen investigador trabajando en un ecosistema universitario, militar y gubernamental profundamente entrelazado durante la Guerra Fría. Y aquí conviene entender el contexto histórico real, porque durante los años cincuenta y sesenta, una gran cantidad de investigación psicológica estadounidense estaba conectada —directa o indirectamente— con el Departamento de Defensa, fundaciones pantalla, programas de inteligencia, universidades, hospitales y proyectos de investigación conductual. Y eso no convierte automáticamente a todos los investigadores en maltratadores psicológicos o coercitivos.
En base a todo lo anterior, existieron conexiones reales entre psicología académica, investigación conductual y agencias de Inteligencia. Ese es un hecho objetivamente constatable y demostrable, probado incluso documentalmente por la propia Fundación para la Paz Interior. A partir de estos hechos probados, la mente realiza la siguiente pirueta interpretativa, cuya razón psicológica explicaré al final del artículo, y que es la siguiente:
Que existieran conexiones reales entre psicología académica, investigación conductual y agencias de Inteligencia, por obra y gracia del pensamiento mágico, pasa a ser lo siguiente:
- La CIA creó Un Curso de Milagros,
- Helen Schucman fue programada por William Tethford.
- Un Curso de Milagros es un arma psicológica.
- Todo movimiento espiritual de aquella época fue diseñado como experimento social.
Y ahí es donde desaparecen todas las pruebas, ya que no existen documentos desclasificados que muestren órdenes operativas, financiación de la Fundación para la Paz Interior por parte de la CIA, diseño estratégico del contenido del curso, manipulación de Helen Schucman ni instrucciones relacionadas con operaciones psicológicas espirituales. Lo que existe es una narrativa construida retrospectivamente a partir de piezas reales mezcladas especulativamente.
Y precisamente eso es lo que vuelve tan atractiva esta historia de internet, porque contiene suficientes elementos reales como para que el pensamiento mágico rellene los huecos. Veamos cómo funciona, porque muchas teorías especulativas utilizan este razonamiento circular, también llamado “sesgo de confirmación”:
- No hay pruebas porque todo fue encubierto.
- La falta de evidencia demuestra lo secreta que era la operación.
Y ya. No se requiere más. Este enfoque hace imposible cualquier verificación objetiva y cualquier fantasía tiene cabida en él. En una investigación seria, la ausencia de evidencia no puede convertirse automáticamente en evidencia de por sí. De hecho, gran parte de la documentación sobre MK-Ultra sí fue desclasificada décadas después. Gracias a ello se conocen numerosos nombres, instituciones y proyectos relacionados con el programa. Sin embargo, William Thetford no aparece de forma verificable como participante operativo relevante.
Otro error frecuente consiste en unir elementos aislados: psicología, espiritualidad, Guerra Fría, investigación mental, fenómenos psíquicos, CIA y experiencias místicas. Después se construye una historia coherente que parece convincente emocionalmente. Pero una historia atractiva no es una prueba. No es lo mismo decir que algo podría haber ocurrido que afirmar que ocurrió realmente. En el caso de William Thetford y el proyecto MK-Ultra, las teorías se apoyan principalmente en asociaciones indirectas, sospechas, coincidencias históricas, interpretaciones subjetivas y especulación. Nada de ello es una evidencia sólida o concluyente, porque se basa en asociaciones circunstanciales, extrapolaciones, razonamientos por sospecha y confusión entre posibilidad y demostración.
Por lo tanto, en base a las pruebas, podemos concluir que MK-Ultra fue un programa real y documentado, y que no existe evidencia verificable que pruebe que William Thetford participó en él tal como se interpreta, ni que Un Curso de Milagros fuera una operación de control mental creada por la CIA. Un análisis serio exige distinguir entre hechos demostrados, hipótesis plausibles y simples especulaciones. En el caso de William Thetford, las acusaciones disponibles pertenecen principalmente a esta última categoría.
Es razonable, e incluso necesario, tener pensamiento crítico y cuestionar cualquier información que parezca susceptible de ser un engaño, pero si realmente se quiere llegar hasta el final, se requiere proceder de manera lógica, y para eso tenemos que prescindir del pensamiento mágico. Sin embargo, esto no es tan fácil como a priori pudiera parecer, y hay razones para ello.
La mente necesita para su seguridad una explicación coherente, y tolera mal el vacío, la ambigüedad y el azar. Cuando los acontecimientos parecen caóticos, contradictorios o emocionalmente perturbadores, aparece una necesidad casi instintiva de unir las piezas hasta formar una historia comprensible, y una historia siempre resulta psicológicamente más soportable que una colección desordenada de hechos desconectados. Por eso este tipo de historias suelen funcionar como mecanismos de reorganización de la percepción. Donde la realidad aparece fragmentada, ofrecen continuidad, certidumbre y significado. La atracción por este tipo de historias no consiste sólo en la sospecha, sino en la sensación de que finalmente “todo encaja”. Por otro lado, la persona pasa a ocupar el papel de alguien que “ve detrás del hechizo”. Esa sensación produce significado, pertenencia y una forma muy poderosa de validación psicológica, como compensación debido una pobre percepción de sí misma.
Por eso muchas veces discutir únicamente con datos no cambia la creencia. La persona no ha llegado a su conclusión mediante su capacidad para razonar, sino como consecuencia de una necesidad emocional irracional. La historia no funciona sólo como explicación intelectual, sino como estructura emocional en la que apoyarse.
En casos como el proyecto MK-Ultra, William Thetford y Un Curso de Milagros, la atracción se vuelve todavía más fuerte porque existen elementos reales que alimentan la imaginación: programas secretos auténticos, documentos desclasificados, vínculos con inteligencia psicológica, espiritualidad y fenómenos metafísicos. La mezcla resulta casi irresistible para la mente humana.
Y ahí aparece el verdadero desafío intelectual: aprender a sostener simultáneamente dos ideas aparentemente contradictorias, pero para lo cual se requiere un espacio mental que la mayoría de la gente, debido a sus deficiencias psicológicas, no tiene. La primera es que los gobiernos, las agencias de Inteligencia y las instituciones sí han realizado operaciones secretas, manipulaciones y experimentos reales a lo largo de la historia. La segunda es que no toda coincidencia es automáticamente una prueba de manipulación. Pensar críticamente exige moverse en ese espacio incómodo donde ni la credulidad absoluta ni el escepticismo automático ofrecen refugio emocional completo.
La mente tiene tendencia natural a detectar patrones, incluso cuando no existen relaciones reales entre los diferentes elementos. Por eso estas historias suelen resultar tan convincentes, porque convierten coincidencias difusas en historias aparentemente completas, y esto es muy importante para la mente, porque le da una sensación de sentido y significado. Cuando la mente no cuenta con toda la información que necesita, se produce una sensación de incertidumbre y amenaza de la que tiene que protegerse. A partir de ahí, llegar a la verdad de lo que ocurre no es una preferencia, sino una necesidad por pura supervivencia psicológica y emocional. Y qué mejor que encontrar en internet una “explicación” que da respuesta a todas las dudas, especialmente cuando esa búsqueda proviene de una relación conflictiva con el curso como, por ejemplo, haber intentado estudiarlo y no haberlo entendido. Esto alivia el sentimiento de insuficiencia, ya que, por lo menos, no era una cuestión de capacidad, sino que se trataba de un oscuro y turbio proyecto de manipulación y control mental de la CIA, intentando controlar la mente, y la persona, gracias a su gran pericia investigativa, ha descubierto la verdad, lo cual restablece de alguna manera el maltrecho concepto del yo, que se había sentido humillado ante la impecable lógica y nivel intelectual del curso.
Otro caso habitual es el del familiar de un mal estudiante del curso, que no suele haberlo aprendido correctamente y como consecuencia de ello lo usa como arma arrojadiza contra todo el que le rodea. Ante la falta de comprensión de lo que está ocurriendo, este familiar acude preocupado a internet en busca de la relación entre Un Curso de Milagros y las sectas, y claro, el buscador le devuelve lo que buscaba; a otros en la misma situación de confusión buscando lo mismo y estableciendo conclusiones de la misma forma especulativa que hemos visto anteriormente. Y así, como consecuencia de los algoritmos de internet, se fabrica una cámara de eco en la que estas mentes acaban convencidas de que Un Curso de Milagros es una peligrosa secta y de que por fin han encontrado todas las respuestas; la CIA estaba detrás. ¡Ahora todo tiene sentido! Y para alguien que se encuentra desesperado porque asocia Un Curso de Milagros con una situación emocional dolorosa, esto no es cualquier cosa, y como estudiantes del curso necesitamos entenderlo como la petición de amor que realmente es, y dar la respuesta correcta.
Andrés Rodríguez
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